miércoles 11 de noviembre de 2009

Guía turístico en ruso

Туристический гид на русском языке, Вам нужен ли в Аргентине?
Лоренсо Вердаско может отвечать на Ваши вопросы.
позвоните пожалуйста: (0381)155550416
Напишите пожалуйста: ulambataar@yahoo.com.ar

Tourist guide in russian language, do you need him in Argentine?
Lorenzo Verdasco can answer to your questions.
Do call, please, to (0381)155550416
Do write, please, to ulambataar@yahoo.com.ar


Guía turístico en idioma ruso ¿lo necesita en Argentina?
Lorenzo Verdasco puede contestar a sus preguntas.
Llame, por favor, a (0381)155550416
Escriba, por favor a ulambataar@yahoo.com.ar

Reiseführer auf Russische Sprache, brauchen Sie ihn in Argentinien?
Lorenzo Verdasco kann auf Ihre Fragen antworten
Rufen Sie bitte: (0381) 155550416
Schreiben Sie bitte ulambataar@yahoo.com.ar

sábado 24 de octubre de 2009

comentario a "en un claro del bosque" de Marìa Elisa Gallo

Inmóvil penetro el signo borrado del cristal. Constelación
de agua de rocío –detenida en la caverna de la memoria-
estalactitas de silencio. Con la
letra humeante, dormida
bajo el párpado
talo al Ciprés
de hojas
heladas,
que
arde
en
mi
p
o
e
m
a.

En este poema en forma de monte de Venus. Desde la primera imagen “Inmóvil penetro el signo borrado del cristal” allí donde se usa el “Inmóvil” es para distraer, lo inmóvil, lo invariable, lo firme, lo enhiesto, lo frondoso, es el otro, el objeto, la herramienta, el artificio, el pene de carne o sintético. Continúa con “penetro el signo borrado del cristal” ¿Quién penetra? Ella se penetra a si misma, aquí “el signo borrado” es sin lugar a dudas el sexo penetrado, quizá está borrado porque ella siente que ya no lo ven como objeto de deseo y es entonces que viene esta auto-penetración.
Ese “cristal”, esa “Constelación de agua de rocío –detenida en la caverna de la memoria- estalactitas de silencio”, aquí se habla de lo propio, el “cristal” es lo transparente, el receptáculo, la vajilla, la copa, el cuenco húmedo. Pero después nos informa del tiempo y nos dice “Constelación de agua de rocío” el agua de rocío está constelada, quieta, no baja como antes está “detenida en la caverna de la memoria” casi olvidada, ya esa “caverna” se comienza a secar, porque ya se notan las “estalactitas de silencio”.
Pero no importa todo lo pasado, hoy todavía puede acceder al placer “Con la letra humeante” con aquel objeto que le da placer y queda en paz “dormida” aun no se ha sacado el objeto introducido, esto nos queda claro cuando dice “bajo el párpado talo al Ciprés de hojas heladas que arde en mi” aquí nos explica que el objeto, ese “Ciprés de hojas heladas” (posiblemente se trate de esos dildos metálicos) está quieto y frío adentro de ese sitio hondo, envuelto por ese “párpado” que lo retiene. Finaliza con ese “poema” que se alarga hacia abajo señalando la entrada a “la caverna” y todo este “poema” nos lleva, nos indica el principio, el título “En un claro del bosque”, este “bosque” es el monte de Venus y el “claro” es la entrada los labios de la vagina, este es un poema que cierra sobre sí mismo.

Reno Ponazzi

domingo 20 de septiembre de 2009

РУССКО-ИСПАНСКИЙ ПЕРЕВОДЧИК

Перевожу: научно-технические тексты. Литературные. Международную политику. и.т.д.

adress: ulambataar@yahoo.com.ar

sábado 19 de septiembre de 2009

TRADUCTOR RUSO-ESPAÑOL

Se traducen todo tipo de textos. En especial, científico técnicos. Literarios. Periodísticos. Turismo. Clases de español para rusohablantes. Lorenzo Verdasco. Cell: 0381155550416. Escribir a ulambataar@yahoo.com.ar

TRADUCTOR RUSO-ESPAÑOL

Se traducen todo tipo de textos. En especial, científico técnicos. Literarios. Periodísticos. Turismo. Clases de español para rusohablantes.

sábado 12 de septiembre de 2009

El extraño caso del actor humilde

Un actor porno que me encanta, no voy a decir su nombre, se me cruzó una vez por la calle. Ante mi imprudencia de pedirle un autógrafo, me miró desde su sonrisa rubia, como diciéndome: esperaba otra cosa de vos. Me avergoncé, y él pareció comprender. Lo invité a tomar un café y, oh paradoja, me dijo que prefería un sanguche de milanesa, porque ya pasábamos de las nueve de la noche y “tenía hambre”. Me encantan los actores porno porque no parecen tener aspiraciones intelectuales. Se limitan simplemente a vivir, y a que nadie les rompa las bolas, las necesitan para el próximo set. Lo mismo me sucedió con otro que conocí el año pasado. Uno quisiera demostrarles que los admira, pero, hasta el menor elogio parece demasiado estúpido ante la sencillez de estos chabones. “Yo creía que ustedes hacían dieta” le largué como para romper el silencio. “Y sí, yo debería, mirá la panza que se me está haciendo”. Me dijo, al tiempo que se levantaba la remera y me dejaba ver su pupo lampiño. Todo lo que me decía parecía estar tan en su lugar, que por momentos sus palabras sonaban como cachetazos. “Me parece que te conozco de algún lado” le comenté como quien cambia de tema. “Claro que me conocés” me contestó. “No pero yo no digo de las películas –insistí-sino de algún otro lado”. “Pero si yo estuve en tu casa, vos vivís frente al Cristo…”, me aclaraba como tratando de que yo recordara. Entonces me pegué un chirlo en la frente: una vez secuestramos a un payaso de una fiesta de carnaval, yo y mis amigos putos, me acuerdo que le hicimos de todo: untarle un pastel de crema y dulce de leche por todo el cuerpo, meterle un palo de escoba, pegarle, esconderle la ropa y largarlo en bolas a la calle,…no sabía que decirle. Hice como que sollozaba un rato tapándome la cara. En realidad no sabía dónde meterme. Me puso una mano en el hombro y me consoló: “Son cosas de la noche –dijo-no te calentés, ya ni me acuerdo”. Y otra vez esa sonrisa que parecía comprender todos los males del mundo y estar más allá de ellos. Sin importarme lo que dijeran en el bar de milanesas, le quité el sanguche que estaba comiendo y le di un beso en la boca. Un furtivo jetazo lleno de migas y gusto a salame. Lo aceptó y estuvimos así unos minutos, ajenos a nuestro propio espectáculo. Mi mano avanzó por su muslo, adivinando la virilidad de mi actor de cine, así como un dentista en procura de la muela del juicio. Pero nada. Su entrepierna estaba desabitada, como un desierto. Mis dedos desprendieron el botón bajando el cierre. Al comprobar que lo que yo buscaba no existía, miré desesperado la tranquilidad varonil de sus ojos gris-azules. “Va a ser un secreto entre nosotros –susurró-nadie debe enterarse”. “¡Pero cómo!¡En las películas vos…siempre…”. “es el oficio, la utilería, nos vemos cuando quieras”. Me quedé mirando cómo se alejaba, y el modo extraño en que su cadera parecía maltratarle el pantalón color óxido. Me recordó a una prima lejana.

viernes 11 de septiembre de 2009

¿Talleres literarios? Pero si es muy fácil

Estimado Dr Ungher:Tengo la intención de instalar un taller literario en el centro de la city. Acepto recomendaciones. Pablo Gaboto, escritor

Estimado Pablo:
Ni a mi peor enemigo le aconsejo que ponga un taller literario, y paso a detallarle algunas conclusiones sacadas de la experiencia:

1) Pago de la cuota: El tallerista que se acuerda de pagar sin que le digas es la excepción. La mayoría se olvida. Otros directamente no quieren: ¡Cómo voy a pagar para que me lean si yo escribo lindo! El viejo sueño machista de echarle un polvo a una puta y que no te cobré porque “habría gozado”, se transmuta hacia el coordinador del taller. ¡Cómo te voy a pagar la cuota si gozás al leerme! No entienden que se trata de un laburo, creen que sos un pelotudo que tiene un hobby.
2) Problemas de espacio: Los bares son muy ruidosos, si alquilás en un centro cultural, te ponen una escuela de teatro al lado y gritan todo el tiempo. Si te ponen al lado un taller de plástica, teóricamente no tendrían que hacer tanto ruido, a menos que trabajen con bronces o chapa galvanizada. Pero te ponen la radio a todo lo que da. “Humanum abhorret silentium”. Por ahí encontrás un lugar piola, pero si la dueña se recibe de abogada, ya no te viene a abrir la puerta. Nadie te da la llave del local, debe ser que los escritores tenemos fama de afanancios. Y todo taller literario precisa un poquitín de silencio.
3) Las parejas: Si te viene una pareja, se inhiben mutuamente para escribir. Cuando están peleados te piden que les crees turnos especiales para no verse. Algunos chapan en medio del taller. Una cosa es que chapés habiendo cuarenta alumnos; y otra cosa es que chapés cuando entre todos sumamos nueve. Se nota un poquito ¿viste? Otra cosa es cuando una chica le tira onda al coordinador, mientras, chapa con un tallerista, todo durante la hora de taller, y al mismo tiempo, mira al coordinador con lascivia y picardía (caso Alina).
4) Varones calentones: Cuando hay una sola chica y todos los demás varones, se producen hábitos psicológicos molestos. Una día ella deja de venir, y los tipos quedan todos embolados. Y ya no se puede trabajar. Pretenden que el coordinador les pase una porno o los masturbe.
5) Después está la señora que ofrece su casa amablemente pero después exige que se incluyan en la bibliografía a Carlos Gardel y Horacio Guaraní, por sus legítimas ganas de defender “lo nuestro”.
6) Después están los espías de la Sade, que van a husmear qué se habla en el taller. Y si se habla de ellos. Por suerte no estamos tan escasos de tema como para que a alguien se le ocurra hablar de la Sade.
7) Después está el tallerista culto que se erige en custodio del nivel teórico del taller. Por suerte hay poco de estos bichos. Una vez había uno, y ante nuestra intención de publicar una revista, nos leyó el concepto de revista que maneja Giorgio Agamben. Y como ningún tallerista, ni el coordinador pudo decir una palabra de semejante mamotreto, declaró : “si nadie tiene nada que decir de Agamben, no vale la pena hacer una revista”. Y así nos pinchó el globo. Tiempo después, cierto oportunista, que ahora la oficia de profesor en la carrera de comunicación social, decide publicar una revista “cultural” con mucha plata y un nivel escolar en los artículos. Nuestro “amigo” teórico, que no podía pasarse sin Agamben, invitado a formar parte del adefesio, se fue detrás de esos morlacos.

Estas y muchas otras son las dificultades permanentes de un taller literario. Y el coordinador además necesita indumentaria, ómnibus, comida y libros. Y todo el mundo cree que eso le viene del aire. Además la mayoría se aburre y se va. Unos se reciben, otros se casan y a otros un día le duele la muela. Por lo tanto querido amigo. Le desaconsejo instalar uno de estos kiosquitos. Y tenga en cuenta que lo hago por su bien.